martes, 12 de agosto de 2008

Guerra en Ossetia


Ahora, igual que siempre, los ciudadanos estamos en contra de la guerra, del abuso de la fuerza y, sobre todo, de la violación de los derechos humanos y de la agresión a civiles. Yo no comprendo de los motivos que pueden mover a un gigante como Rusia a jugar esa partida de ajedrez con un enano como Georgia, ni cómo puede asistir impávido el mundo occidental (sobre todo, la sociedad civil) a la ocupación de un territorio con la excusa de actuar como "pacificador" y al ataque sobre civiles que estamos viviendo casi en directo.


En los últimos días, he leído mucho sobre la cuestión política subyacente: el afán occidentalista de Georgia, de las aspiraciones geoestratégicas de Rusia y de los hilos del poder que han estado alimentando el conflicto en Ossetia del Sur desde los '90. Creo que todo eso queda en segundo plano cuando hablamos del asesinato de personas inocentes y de una lucha indiscriminada que anula la integridad territorial de un país y el derecho de sus habitantes a decidir sobre su futuro, a escoger su lugar de residencia y a vivir en paz.


A mi juicio, merece cierta consideración la opinión, sostenida por compañeros como Francisco Rubiales y Luis Gómez, de que este conflicto evidencia el grado de debilidad diplomática de Europa y de su modo de vida, quizás derivada de nuestra extrema dependencia energética; no lo sé. Me parece en todo caso preocupante, por todo lo que supone para nuestro futuro, que no podamos evitar la duda de que todo lo que está pasando a nuestro alrededor sea consecuencia de nuestras propias debilidades internas y de nuestras contradicciones.

Sin embargo, con independencia de las personas que han formado nuestros gobiernos y de sus aciertos y equivocaciones, los principios que definen nuestro modo de vida, recogidos en nuestra maltrecha Constitución (a la pobre hasta le han cerrado la página web), son los que reza su preámbulo:

La Nación Española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de:

  • Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las Leyes conforme a un orden económico y social justo.

  • Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la Ley como expresión de la voluntad popular.

  • Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.

  • Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.

  • Establecer una sociedad democrática avanzada, y

  • Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.

La defensa de estos principios es algo que trasciende a las personas y por supuesto a sus convicciones y limitaciones particulares. El día en que nosotros mismos dejemos de creer en este proyecto, que empieza por nosotros pero que se extiende como un deseo para todos los demás pueblos de la Tierra y también a futuro, dejaremos de tener sentido como nación.

Por eso, y por principios, me opongo a la guerra en Ossetia y denuncio públicamente la cobardía de nuestros dirigentes y la hipocresía de un mundo que asiste impertérrito a un espectáculo deportivo ya de por sí manchado de sangre mientras unos pocos deportistas - en el colmo de la sinrazón - se ven forzados a colgar el chandal para ponerse el chaleco antibalas.

1 comentario:

ALEXIS MARRERO dijo...

Estoy invitándote a mi blog para que retires un premio que allí tiene.
Espero sea de tu agrado
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