Este espacio es un lugar que tiene como misión recoger las denuncias u opiniones de los ciudadanos ante las carencias y negligencias de nuestro sistema electoral y las agresiones a los derechos democráticos. En concreto, todo ciudadano puede denunciar el veto a manifestaciones que respetan y son compatibles con la libertad de expresión. Así pues ciudadano no te calles ante los intentos de reprimir opiniones por la libertad. Deja tu correo y colabora en el blog. Ya lo haces con tu visita.
El Movimiento Ciudadano Argentina Libre: Repudia el vergonzoso y coberde ataque a la libertad de expresión por parte de un grupo de delincuentes, fascistas y lakras. Que impidieron que la Dra. Hilda Molina pudiera presentar su libro, en la Feria del Libro de Buenos Aires.
Sepan que la mayoría del pueblo argentino, no está representado por este grupo de mal nacidos, intolerantes. Si lo quieren tanto a Castro Vayan a Vivir a Cuba con Fidel. Nuestro total apoyo a la Dra. Hilda Molina y a todos los hermanos cubanos que no pueden ejercer sus derechos humanos. Como Pensar libremente y expresar sus ideas sin censura previa.
Declaración Universal de DD.HH.:
Artículo 19.
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Constitución Nacional Argentina:
Art. 14.- Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos ........ de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa...................
Fuerza Dra. Hilda Molina!!!!
Abajo Imagenes de los Fascistas Prepotentes e intolerantes:
Queridos Compatriotas: Como Hombres y Mujeres Libres de la República hacemos este llamado para que Vos también te Sumes. Ayudar a quien no se puede defender y Ejercer la Solidaridad con nuestro Prójimo, También es Construir Ciudadanía.
Ayudemos a nuestros Hermanos de Haití.
Se pueden hacer donaciones por muy poco que sea, desde $1, si somos muchos haremos la diferencia.
Si 1 millón de Argentinos ponemos $1 haremos = u$s 263.157,89 que equivale a 26.315 raciones completas (almuerzo y cena u$s 10 )
Ayudá mediante Organizaciones Humanitarias:
UNICEF ARGENTINA
¿Cómo ayudar desde Argentina? UNICEF ha dispuesto una línea telefónica para recibir donaciones de dinero para aquellas personas e instituciones interesadas en colaborar con las víctimas del terremoto en Haití: 0-810-333-4455
Para mayor información contactar a: Matías Bohoslavsky, Comunicación - UNICEF Argentina Tel: 5093-7149 / Cel: (15) 4193-8261 / mbohoslavsky@unicef.org
María José Ravalli, Comunicación - UNICEF Argentina Tel: 5093-7144 / mjravalli@unicef.org
Pagina web: www.unicef.org/argentina
CRUZ ROJA ARGENTINA
- Cruz Roja Argentina, como miembro del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja , responde al llamamiento en cuestión.
- Cruz Roja Argentina no recibe donaciones en especie.
- Cruz Roja Argentina habilitó la siguiente cuenta bancaria para recibir colaboraciones destinadas a la recuperación de las familias damnificadas de Haití:
BANCO DE LA NACION ARGENTINA SUC. CONGRESO Av. Callao 101 C .A.B.A. CRUZ ROJA ARGENTINA-CATASTROFES CTA CTE Nº 91344/97 CBU Nº 01100129-20000091344977 CUIT: 30-54603392-5
"Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos" Juan Donoso Cortés
Con $1 podes ayudar a alguien que lo necesite. Si un día nos pasa a nosotros, seguramente vamos a necesitar de otros pueblos hermanos.
Gran Saludo Grupo Padrinazgo
(Nosotros no recibiremos dinero alguno, solo ayudaremos a difundir y concientizar hasta el último argentino)
----------------------------------------------------------------------------------------- Para finalizar, existen miles de organizaciones humanitarias de Excelencia en nuestro país, que se encargan de hacer llegar de todo a quienes lo necesitan, Si uno cumple lo suyo en su tierra, no debería llamarle la atención $1 que es destinado a un lugar donde el Estado casi no existe y donde se acaba de destruir lo poco que tienen. Por otra parte los miles de Haitianos que están bajo los escombros, no tienen la culpa de que miles de argentinos que pagan miles de pesos en impuestos municipales, provinciales y nacionales, cuando pagan la luz o el pan, no se quejen y no accionen, cuando esos miles no son destinados a donde deben ir. Sea en el gobierno que sea, y en el tiempo que sea, los gobiernos pasan y los ciudadanos quedan, al igual que la falta de Participación Ciudadana.
(Nota del editor del blog: Video de la manifestación a la que Yoani fue impedida de participar) Cerca de la calle 23 y justo en la rotonda de la Avenida de los Presidente, fue que vimos llegar en un auto negro –de fabricación china– a tres fornidos desconocidos: “Yoani, móntate en el auto” me dijo uno mientras me aguantaba fuertemente por la muñeca. Los otros dos rodeaban a Claudia Cadelo, Orlando Luís Pardo Lazo y una amiga que nos acompañaba a una marcha contra la violencia. Ironías de la vida, fue una tarde cargada de golpes, gritos y malas palabras la que debió transcurrir como una jornada de paz y concordia. Los mismos “agresores” llamaron a una patrulla que se llevó a mis otras dos acompañantes, Orlando y yo estábamos condenados al auto de matrícula amarilla, al pavoroso terreno de la ilegalidad y la impunidad del Armagedón.
Me negué a subir al brillante Geely y exigimos nos mostraran una identificación o una orden judicial para llevarnos. Claro que no enseñaron ningún papel que probara la legitimidad de nuestro arresto. Los curiosos se agolpaban alrededor y yo gritaba “Auxilio, estos hombres nos quieren secuestrar”, pero ellos pararon a los que querían intervenir con un grito que revelaba todo el trasfondo ideológico de la operación: “No se metan, estos son unos contrarrevolucionarios”. Ante nuestra resistencia verbal, tomaron el teléfono y dijeron a alguien que debió ser su jefe: “¿Qué hacemos? No quieren subir al auto”. Imagino que del otro lado la respuesta fue tajante, porque después vino una andanada de golpes, empujones, me cargaron con la cabeza hacia abajo e intentaron colarme en el carro. Me aguanté de la puerta… golpes en los nudillos… alcancé a quitarle un papel que uno de ellos llevaba en el bolsillo y me lo metí en la boca. Otra andanada de golpes para que les devolviera el documento.
Adentro ya estaba Orlando, inmovilizado en una llave de kárate que lo mantenía con la cabeza pegada al piso. Uno puso su rodilla sobre mi pecho y el otro, desde el asiento delantero me daba en la zona de los riñones y me golpeaba la cabeza para que yo abriera la boca y soltara el papel. En un momento, sentí que no saldría nunca de aquel auto. “Hasta aquí llegaste Yoani”, “Ya se te acabaron las payasadas” dijo el que iba sentado al lado del chófer y que me halaba el cabello. En el asiento de atrás un raro espectáculo transcurría: mis piernas hacia arriba, mi rostro enrojecido por la presión y el cuerpo adolorido, al otro lado estaba Orlando reducido por un profesional de la golpiza. Sólo acerté a agarrarle a éste –a través del pantalón– los testículos, en un acto de desespero. Hundí mis uñas, suponiendo que él iba a seguir aplastando mi pecho hasta el último suspiro. “Mátame ya” le grité, con la última inhalación que me quedaba y el que iba en la parte delantera le advirtió al más joven “Déjala respirar”.
Escuchaba a Orlando jadear y los golpes seguían cayendo sobre nosotros, calculé abrir la puerta y tirarme, pero no había una manilla para activar desde adentro. Estábamos a merced de ellos y escuchar la voz de Orlando me daba ánimo. Después él me dijo que lo mismo le ocurría con mis entrecortadas palabras… ellas le decían “Yoani sigue viva”. Nos dejaron tirados y adoloridos en una calle de la Timba, una mujer se acercó “¿Qué les ha pasado?”… “Un secuestro”, atiné a decir. Lloramos abrazados en medio de la acera, pensaba en Teo, por Dios cómo voy a explicarle todos estos morados. Cómo voy a decirle que vive en un país donde ocurre esto, cómo voy a mirarlo y contarle que a su madre, por escribir un blog y poner sus opiniones en kilobytes, la han violentado en plena calle. Cómo describirle la cara despótica de quienes nos montaron a la fuerza en aquel auto, el disfrute que se les notaba al pegarnos, al levantar mi saya y arrastrarme semidesnuda hasta el auto.
Logré ver, no obstante, el grado de sobresalto de nuestros atacantes, el miedo a lo nuevo, a lo que no pueden destruir porque no comprenden, el terror bravucón del que sabe que tiene sus días contados.